Las largas jornadas laborales y los tiempos de traslado influyen de manera significativa en los hábitos alimentarios de miles de trabajadores en la Ciudad de México. Así lo señaló Tiana Bakić Hayden, integrante del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, al presentar un estudio cualitativo sobre las condiciones de alimentación de distintos grupos ocupacionales.
La investigadora destacó que las personas pasan gran parte de su tiempo fuera del hogar. A ello se suman los extensos traslados: el 58 por ciento de los trabajadores tarda entre 31 minutos y dos horas en llegar a su lugar de trabajo.
La investigación, basada en entrevistas y observación de cinco grupos laborales: trabajadoras del hogar, barrenderos y personal de limpieza, albañiles y ayudantes de construcción, cargadores y conductores de camiones, autobuses, taxis y vehículos de pasajeros, sugiere que, aunque estas ocupaciones comparten bajos ingresos y altos niveles de informalidad, sus condiciones de trabajo son diversas.
Entre los hallazgos destaca que en la Ciudad de México hay alrededor de 45 mil albañiles, casi todos hombres, con un ingreso promedio mensual de 7 mil pesos. Sus jornadas suelen ser de ocho a nueve horas de lunes a viernes y medio día los sábados. En este sector, generalmente se respeta el tiempo destinado a comer y descansar, y es común que los trabajadores compartan alimentos durante la jornada.
En el caso de las trabajadoras del hogar, se estima que 161 mil personas se desempeñan en esta actividad con un salario promedio de 4 mil 100 pesos mensuales. La mayoría trabaja bajo el esquema de entrada por salida y, aunque algunas pueden desayunar o comer en la vivienda donde laboran, otras enfrentan restricciones o condiciones para acceder a los alimentos.
Según Bakić Hayden, la alimentación se convierte en algunos casos en un espacio de desigualdad y tensión. Muchas trabajadoras optan por saltarse comidas para terminar más rápido sus labores y regresar antes a sus hogares, lo que afecta sus hábitos alimentarios y su bienestar.
El estudio también revela que una parte importante de los trabajadores destina entre el 20 por ciento y el 30 por ciento de sus ingresos diarios a la compra de alimentos fuera de casa. Gastos en café, tortas, tacos, comida corrida, pan o refrescos pueden representar entre 150 y 200 pesos al día.
Entre las principales quejas identificadas se encuentran la falta de tiempo y de espacios adecuados para comer. Además, pocas personas tienen la oportunidad de compartir los alimentos con sus compañeros de trabajo. En ocupaciones como el transporte, las comidas suelen realizarse de manera aislada, una situación que genera insatisfacción y afecta la experiencia cotidiana de los trabajadores.
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