El alto índice de informalidad en México tiene causas multifactoriales. La precariedad laboral persistente —salarios insuficientes y falta de prestaciones— y el desajuste entre la educación y el mercado laboral son dos de las más visibles.
Si bien en el primer semestre de 2025 se generaron 848 mil 494 nuevos empleos, la mayoría se ubicó en el sector informal. Más de 1.13 millones de personas se incorporaron a trabajos informales, mientras que el empleo formal se redujo en 278,470 plazas, de acuerdo con el INEGI.
Actualmente, más de la mitad de la población ocupada —alrededor de 32.5 millones de personas— trabaja en condiciones informales: sin contrato, sin prestaciones o en unidades económicas no registradas. Este panorama evidencia la necesidad de impulsar estrategias que prioricen la calidad del empleo y no solo la reducción del desempleo.
Para Antía Vázquez, CEO de Ginia, la coexistencia de una baja tasa de desempleo con altos niveles de informalidad se explica porque la creación de puestos de trabajo no ha estado acompañada de procesos de formalización ni de adecuación a estándares de seguridad social, derechos laborales y capacitación.
La directiva de la plataforma tecnológica que conecta a estudiantes con oportunidades laborales desde antes de su graduación, subraya que, para los jóvenes, el desafío no es únicamente conseguir empleo, sino acceder a uno formal, alineado con su formación y que ofrezca oportunidades de crecimiento profesional.
En este contexto, la vinculación temprana entre el sistema educativo y las empresas resulta clave. Ajustar los planes de estudio a las demandas reales del mercado laboral, junto con el impulso de mentorías y prácticas profesionales, puede facilitar el acceso de más jóvenes a empleos formales. Asimismo, las instituciones educativas deben incorporar métricas de empleabilidad que midan no solo la inserción laboral de sus egresados, sino también la formalidad, pertinencia y posibilidades de movilidad que ofrecen esos puestos.
Vázquez advierte que el problema es estructural: existe una desconexión entre instituciones educativas, estudiantes y empresas, lo que provoca que muchos jóvenes terminen en trabajos fuera de su perfil o en condiciones precarias, incluso cuando hay oportunidades laborales disponibles.
En la misma línea, Melissa Manrique Rodríguez, cofundadora de Ginia, señala que la alta informalidad indica que muchos de los empleos generados no cumplen con criterios de formalidad, calidad ni correspondencia con la formación profesional. Al mismo tiempo, las empresas que ofrecen empleos formales y con mejores condiciones enfrentan dificultades para encontrar talento suficientemente preparado.
Por ello, concluye, no basta con mantener bajos niveles de desempleo; lo fundamental es que las personas accedan a empleos dignos, formales y alineados con su propósito, de modo que se genere valor tanto para el trabajador como para la empresa y la economía en su conjunto.
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