Aunque en México se han registrado avances en inclusión y diversidad dentro de los entornos laborales, todavía existen desafíos importantes, especialmente para las juventudes LGBTQ+, quienes continúan enfrentando espacios poco seguros y escaso apoyo institucional.
Edurne Balmori Palacios, primera directora ejecutiva de las operaciones de The Trevor Project México —organización enfocada en la prevención del suicidio y la salud mental de juventudes LGBTQ+—, alertó que solo el 9.0 por ciento de estas personas percibe su lugar de trabajo como un entorno seguro. Esto significa que, para la mayoría, el espacio laboral puede convertirse en una fuente constante de tensión, silencio o miedo.
“Los entornos laborales no afirmativos, es decir, espacios donde las personas LGBTQ+ enfrentan invisibilización, discriminación, hostilidad o falta de apoyo institucional, pueden tener efectos profundos en la salud mental y el bienestar de las juventudes LGBTQ+, especialmente porque muchas están en etapas de construcción de identidad, independencia económica y desarrollo profesional”, advirtió.
Entre los principales impactos documentados se encuentra el estrés crónico derivado del miedo al rechazo, la discriminación o incluso el despido. A ello se suma la necesidad de ocultar la orientación sexual o identidad de género y mantenerse en constante vigilancia sobre cómo hablar, vestir o relacionarse. Este estado de alerta sostenido suele relacionarse con ansiedad, agotamiento emocional y síntomas depresivos.
La especialista explicó que las juventudes LGBTQ+ que trabajan en ambientes hostiles reportan con mayor frecuencia ansiedad social, baja autoestima y sentimientos de aislamiento. Además, el esfuerzo continuo por ocultar aspectos importantes de su identidad puede provocar burnout y desgaste emocional.
Aunque algunos programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) han sido criticados por considerarse superficiales o simbólicos, Balmori advirtió que eliminarlos por completo podría debilitar las condiciones necesarias para construir espacios laborales más seguros, equitativos y productivos.
“Puede provocar mayor rotación de personal, dificultades para atraer talento y pérdida de innovación, ya que los equipos diversos suelen aportar perspectivas más amplias y mejores procesos de toma de decisiones. Además, las empresas pueden enfrentar riesgos reputacionales y legales si aumentan los casos de discriminación o acoso sin estructuras adecuadas de prevención y respuesta”, señaló.
Frente a este panorama, Recursos Humanos y los liderazgos organizacionales tienen un papel clave en la construcción de espacios donde las personas no tengan que ocultar su identidad para sentirse aceptadas o seguras. Esto, además de fortalecer el bienestar y la salud mental, impacta positivamente en la colaboración, la retención de talento y el desempeño organizacional.
La guía de The Trevor Project México propone un modelo de intervención basado en cuatro etapas: prevenir, detectar, responder y reparar. En las primeras fases, se busca anticiparse a la violencia mediante una cultura de inclusión cotidiana, promoviendo el uso de pronombres, lenguaje neutro y la intervención temprana frente a comentarios discriminatorios. También plantea identificar señales verbales, no verbales y situacionales que evidencien agresiones o exclusión.
En las etapas de acción directa, el modelo establece cómo responder según la gravedad de cada situación y cómo reparar el daño para evitar reincidencias. La guía también ofrece herramientas prácticas para Recursos Humanos, liderazgos y personas aliadas, incluyendo recomendaciones sobre lenguaje inclusivo, espacios sin género, políticas internas y capacitación. “Todo explicado de manera sencilla, para que más personas puedan sumarse a construir entornos laborales más respetuosos”, concluyó Edurne Balmori.
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