El avance de la inteligencia artificial en la gestión de Recursos Humanos ha permitido que muchos procesos operen con altos niveles de automatización y mínima intervención humana. Sin embargo, esta facilidad de uso también plantea riesgos relacionados con el desconocimiento sobre cómo funcionan realmente estos sistemas y cómo se interpretan sus resultados.
Así lo señala Janine Berg, economista senior de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su artículo El complejo desafío de gestionar personas en el trabajo: ¿es la IA la solución?.
La especialista advierte que, aunque muchas plataformas están diseñadas para ser “fáciles de usar”, quienes las utilizan suelen tener una comprensión limitada sobre la lógica detrás de las herramientas, el procesamiento de datos y el significado real de los resultados que generan.
Para enfrentar este desafío, Berg considera fundamental que los profesionales de Recursos Humanos participen activamente en el diseño, implementación y supervisión de los sistemas de inteligencia artificial.
Además, en procesos relacionados con la organización y evaluación del trabajo —como la programación de tareas y la gestión del desempeño— también resulta clave involucrar a los propios trabajadores.
El artículo destaca ejemplos de empresas que han integrado este enfoque de manera exitosa. Una multinacional, por ejemplo, dedicó dos años al desarrollo y ajuste de un sistema de IA para contratación, involucrando a especialistas de Recursos Humanos durante todo el proceso. El resultado fue un modelo híbrido entre humanos e inteligencia artificial, con procesos más transparentes y explicables.
En otro caso, una empresa de telecomunicaciones desarrolló junto con sus técnicos de campo un sistema de programación laboral, logrando aumentar 10 por ciento la productividad y reducir en más de un tercio las ausencias relacionadas con salud mental.
Según la OIT, involucrar a todas las partes interesadas permite fortalecer tres aspectos clave en el desarrollo de sistemas de IA: definir claramente los objetivos, asegurar que los datos utilizados sean adecuados y representativos, y garantizar que la programación contemple distintos escenarios y condiciones reales de trabajo.
Berg reconoce que este tipo de participación puede extender los tiempos de desarrollo e implementación, además de exigir una mayor capacitación técnica para los equipos de Recursos Humanos. Sin embargo, sostiene que esta inversión es necesaria para garantizar un uso responsable y efectivo de la inteligencia artificial en el entorno laboral.
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