Más que contratar rápido, las organizaciones deberán apoyarse en datos confiables, liderazgo preparado y tecnología aplicada para proteger márgenes, asegurar continuidad operativa y mantener competitividad en un entorno cada vez más exigente.
En un escenario en el que 2026 ya no se limitará a absorber el impacto del aumento salarial, sino que exigirá decisiones estructurales para reducir el desgaste organizacional, contener costos ocultos y sostener la productividad en equipos de alta presión, Rolando Blanco, CEO de Pentafon HR Solutions, identifica cinco frentes que las empresas deberán comenzar a priorizar.
El primero es la profesionalización del liderazgo operativo. La gestión cotidiana de las personas deja de ser únicamente un tema cultural para consolidarse como una decisión económica, con efectos directos en la productividad y en la estructura de costos. A ello se suma la necesidad de anticipar el riesgo laboral, mediante el uso de análisis de datos que permitan identificar patrones de saturación antes de que impacten indicadores críticos del negocio.
Otro eje fundamental es repensar la planeación del trabajo. Una distribución ineficiente de las cargas y los picos operativos genera costos ocultos que terminan afectando la rentabilidad. En paralelo, incorporar mecanismos de escucha organizacional —como la medición del clima laboral y de los riesgos psicosociales— ofrece visibilidad temprana sobre tensiones internas que, de no atenderse, pueden escalar en problemas mayores.
Además, optimizar los procesos de reclutamiento y capacitación se vuelve estratégico en un mercado cada vez más competido. Reducir errores de contratación y salidas tempranas no solo disminuye la rotación, sino que protege la inversión en talento y contribuye a la estabilidad operativa.
Este análisis cobra relevancia tras la confirmación del incremento del 13% al salario mínimo general a partir de enero de 2026. Con este ajuste, el debate laboral en México ha dejado de centrarse exclusivamente en la generación de empleo y se ha desplazado hacia la capacidad de las empresas para absorber un mayor costo laboral sin comprometer productividad, márgenes ni continuidad operativa.
Para las organizaciones con alta concentración de talento operativo, el impacto va más allá de la nómina directa. El aumento salarial activa una cadena de presiones asociadas a rotación, ausentismo, estrés laboral y efectividad del liderazgo, factores que hoy pesan tanto como el salario en la sostenibilidad de las operaciones.
Por ello, subraya Pentafon, unidad especializada en análisis organizacional, el reto para las empresas en México de cara a 2026 no será únicamente cumplir con los ajustes salariales, sino transformar ese mayor costo laboral en una operación más eficiente, resiliente y sostenible.
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