Actualmente existen tres tipos de jornada (diurna, nocturna y mixta), pero con la reforma todas se homologarán a un máximo de 40 horas semanales, migrando de un esquema de medición diaria a uno semanal.
Ante la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales en México, las empresas enfrentarán el reto de mantener su productividad con menos tiempo operativo. Especialistas advierten que, si las organizaciones continúan trabajando bajo los mismos esquemas actuales, el impacto económico podría ser significativo.
De acuerdo con Norma Godínez, directora de Recursos Humanos de Kelly México, este nuevo entorno laboral no solo requerirá ajustes operativos, sino también un rediseño profundo en la manera en que las empresas gestionan sus procesos.
En este contexto, la externalización de procesos y el uso de servicios especializados se perfilan como herramientas estratégicas para adaptarse sin comprometer la operación.
Según Kelly, estos modelos permiten a las organizaciones rediseñar y optimizar procesos clave; reducir el impacto económico derivado de horas extra o del aumento de plantilla, así como acceder a talento especializado mediante esquemas más eficientes.
Precisó que las empresas con operaciones continuas o esquemas 24/7 serán las más afectadas por la reforma, particularmente aquellas vinculadas a manufactura, industria automotriz, logística y textil, donde la operación no se detiene y los cambios en la jornada laboral implican ajustes directos en turnos, costos y capacidad productiva.
En este contexto, la externalización de procesos puede convertirse en un habilitador clave para garantizar la continuidad operativa, permitiendo a las organizaciones redistribuir cargas de trabajo, acceder a talento especializado y evitar incrementos desproporcionados en costos laborales, especialmente por pago de tiempo extra que se eleva considerablemente con la reforma.
La especialista agregó que áreas como la administración de nómina (payroll management) cobrarán mayor relevancia ante los cambios relacionados con el cálculo de horas extra y el cumplimiento de nuevas disposiciones laborales. Este tipo de servicios incluye la gestión de salarios, prestaciones, impuestos y obligaciones patronales.
Por ello, las organizaciones deberán comprender a fondo los cambios legales, especialmente el nuevo enfoque de jornada semanal, y posteriormente evaluar el impacto operativo y financiero que tendrá en sus modelos actuales, y por ende, prepararse.
A partir de ese diagnóstico, será necesario diseñar estrategias de implementación gradual alineadas con los tiempos que establezca la legislación, con el objetivo de minimizar riesgos y mantener la competitividad.
“La clave está en entender la ley y adaptar los procesos internos para ser más productivos. Quienes lo hagan más rápido podrán reducir el impacto y mantenerse competitivos”, concluyó Godínez.
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