Aunque el camino legislativo de esta reforma continúa hasta su aprobación total, es una invitación a repensar el trabajo en México para construir entornos más saludables, productivos y sostenibles.
De acuerdo con Buk, la reforma para reducir la jornada laboral debe acompañarse de un rediseño profundo en la forma en que las organizaciones miden la productividad. Esto implica migrar de modelos centrados en el tiempo de permanencia a esquemas enfocados en el cumplimiento de objetivos, resultados medibles y eficiencia operativa.
La plataforma señala que la colaboración entre el gobierno y el sector privado será clave para crear programas de acompañamiento técnico, incentivos y esquemas de transición que permitan a las empresas adaptarse sin poner en riesgo su viabilidad.
Diversos organismos empresariales han advertido que una transición abrupta podría generar presiones financieras relevantes, con riesgos como cierres de negocios, despidos o un aumento de la informalidad. Sin mecanismos de transición adecuados, estos efectos podrían intensificarse.
“Esta reforma representa una oportunidad para impulsar una transformación estructural del trabajo en México. El desafío no es únicamente reducir horas, sino hacerlo con equilibrio: fortalecer el bienestar de las personas sin comprometer la sostenibilidad de las empresas ni la generación de empleo formal”, señala Estela Martínez, Head de People de Buk.
En este contexto, uno de los principales retos será implementar la reforma de forma gradual y brindar apoyo técnico a industrias clave, así como a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que constituyen el principal motor de la economía del país.
“La experiencia internacional demuestra que es posible avanzar hacia esquemas de jornada reducida sin sacrificar eficiencia”, comenta Estela. En Chile —donde se fundó la empresa— la reducción progresiva de 45 a 40 horas ha mostrado avances relevantes en poco tiempo, apoyada en estrategias escalonadas, digitalización de procesos y una gestión centrada en resultados. En Colombia, donde la reducción a 42 horas avanza gradualmente hacia 2026, los primeros análisis indican que la productividad no se ha visto afectada, especialmente en sectores con mayor adopción tecnológica.
Estos casos sugieren que la clave no radica únicamente en el número de horas trabajadas, sino en cómo se organizan, distribuyen y gestionan dentro de las organizaciones.
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