Este padecimiento se debe a la incapacidad para adaptarse o afrontar las nuevas tecnologías de manera saludable, es decir, a la dependencia excesiva de dispositivos (“tecnoadicción”), al miedo a que fallen (“tecnoansiedad”) y al agotamiento por su uso o exposición saturada (“tecnofatiga”).
En México, ocho de cada 10 personas cuentan con un teléfono celular y lo utilizan principalmente para enviar o recibir mensajes (94.7 por ciento) y participar en redes sociales (91.1 por ciento), de acuerdo con datos de Mitofsky. Esta alta penetración tecnológica también impacta el entorno laboral, donde crece la adopción de herramientas de inteligencia artificial (IA) para tareas cotidianas y surge la inquietud sobre si estas innovaciones podrían reemplazar ciertas profesiones.
Sin embargo, según Indeed, menos del 1.0 por ciento de las habilidades laborales pueden ser sustituidas por completo por la tecnología. Más que un reemplazo total, el escenario apunta a una transformación de funciones. Ante ello, tanto trabajadores como empresas han comenzado a impulsar capacitaciones y talleres para aprovechar la tecnología de manera estratégica y cerrar la brecha de habilidades, manteniendo así su competitividad.
A la par del avance tecnológico, se ha instalado la percepción de estar disponibles las 24 horas del día. Responder un correo, un mensaje o una llamada fuera del horario laboral puede parecer algo mínimo, pero con el tiempo puede convertirse en un hábito y en una presión implícita por demostrar compromiso o proactividad.
Además, la multiplicidad de canales de comunicación —correo electrónico, mensajería instantánea, plataformas colaborativas y redes sociales— genera saturación y, en algunos casos, dependencia a los dispositivos. Esta dinámica puede detonar ansiedad por revisar constantemente el teléfono o la computadora, afectando la concentración y el bienestar.
Al respecto, Nelson Gómez, director de Indeed México, advierte: “Aunque la tecnología ha facilitado muchos procesos y potenciado otros tantos, no se debe descuidar al personal y la salud propia. Una buena práctica es no enviar mensajes o correos electrónicos después del horario laboral; aunque pueda parecer algo muy rápido, se trata de una acción que ayuda a establecer límites y respetar el tiempo de desconexión”.
Frente a la sobrecarga tecnológica y la incertidumbre, resulta clave que las organizaciones establezcan estructuras claras de trabajo y una adecuada distribución de tareas. Esto no solo contribuye a equilibrar la carga laboral, sino que también permite fomentar espacios de desconexión, reducir el estrés y fortalecer el bienestar y la productividad de los equipos.
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La desconexión es cada vez más necesaria. Revisa otras notas al respecto:
Aprueban derecho a la desconexión digital en la Ley Federal del Trabajo.
Desconexión digital, la clave para un talento más saludable y productivo.
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