A nivel global, estudios recientes revelan una caída del 26 por ciento en el sentimiento de prosperidad de los trabajadores, medido en términos de salud, capacidad adquisitiva y desarrollo de carrera. Tras mantenerse por encima del 60 por ciento entre 2018 y 2022 —e incluso en 2024—, este indicador se ubica actualmente en 44 por ciento.
Así lo explicó Diana Victoria Bulla Rodríguez, Subdirectora de Consultoría en Salud y Bienestar para Latinoamérica y el Caribe, en Marsh, quien señaló que esta tendencia también se replica en la región. En particular, México, Centroamérica, Colombia y Perú muestran comportamientos similares, mientras que el Cono Sur —Argentina, Uruguay y Chile— presenta algunas variaciones.
“Este fenómeno está muy asociado al liderazgo. Tradicionalmente, el liderazgo era muy lineal, vertical, con jerarquías claras y actividades sumamente definidas para cada persona. Pero eso hoy está totalmente desalineado con la realidad”, afirmó durante la presentación del informe People Risk 2026, elaborado por la consultoría de gestión, riesgos, reaseguro, capital y talento.
Al abordar la erosión del sentimiento de prosperidad dentro de las organizaciones, la especialista advirtió que este contexto se convierte en un factor que impulsa la rotación, especialmente entre generaciones como la Z y los millennials.
“Lo anterior también está conectado con cambios demográficos importantes. Antes, el ciclo de vida laboral era mucho más lineal. Hoy vemos realidades muy diversas: personas que viven solas, con mascotas, en pareja sin hijos, o sin responsabilidades económicas hacia sus padres. Además, desde 1960 el rol de la mujer ha cambiado significativamente, cerrando brechas laborales y aumentando su participación en todos los niveles”, explicó.
Este conjunto de transformaciones ha ocasionado que el entorno laboral sea más volátil, con mayores niveles de rotación y escasez de habilidades, lo que a su vez implica costos financieros relevantes para las organizaciones.
A este escenario se suma la inseguridad financiera como factor crítico: el 58% de más de 4,500 encuestados —entre profesionales de recursos humanos y de riesgos— considera que esta situación puede representar un riesgo de alto impacto o incluso catastrófico para la continuidad del negocio.
“Esto se debe a que el estrés financiero no se queda fuera del trabajo. El empleado llega o se conecta con preocupaciones como deudas, compromisos familiares o presiones bancarias. Eso impacta directamente en su desempeño”, puntualizó.
De manera general, el informe también advierte que las organizaciones enfrentan una encrucijada: mientras la adopción de inteligencia artificial y la digitalización demandan nuevas habilidades y capacidades en ciberseguridad, el bienestar psicosocial de los colaboradores —particularmente en México— muestra señales de alerta que requieren atención urgente.
Asimismo, la convergencia entre las exigencias tecnológicas y el deterioro del bienestar laboral configura un doble desafío; sin talento capacitado y sin condiciones de trabajo sostenibles, será difícil avanzar en procesos de transformación, retener a los colaboradores y mantener niveles adecuados de productividad, resalta el documento de Marsh.
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