En México, el 75% de los trabajadores experimenta estrés laboral, de acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
En los últimos seis meses, 24 por ciento del talento ha experimentado techno burnout, es decir, agotamiento asociado con el uso intensivo de la tecnología en el trabajo. Ante este escenario, la salud mental debe entenderse como una responsabilidad compartida entre colaboradores y líderes, y no como un asunto exclusivamente individual, afirmó Sonia Durán, gerente de Capital Humano de Ecosistemas Global.
“Las empresas debemos ofrecer espacios donde las personas se sientan seguras para hablar de cómo se sienten, y donde exista apertura para ajustar cargas o tiempos cuando sea necesario. La empatía del liderazgo es fundamental para detectar las señales tempranas de agotamiento”, señaló la directiva.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora el 10 de octubre, Durán destacó que prevenir estos problemas no representa un gasto, sino una inversión estratégica. No atenderlos puede tener consecuencias que van más allá del cumplimiento regulatorio, con efectos directos en el ausentismo, la rotación, la productividad y la capacidad de las empresas para retener talento especializado.
“Reducir estos costos comienza con acciones concretas y sostenidas: establecer políticas claras de desconexión digital, implementar programas de apoyo psicológico accesibles, ofrecer esquemas de trabajo flexible y, fundamentalmente, capacitar a los líderes en inteligencia emocional. Un jefe que no sabe escuchar o reconocer señales de agotamiento puede ser tan tóxico como la carga de trabajo misma”, advirtió.
El uso intensivo de herramientas digitales también ha transformado la relación entre el trabajo y la vida personal. De acuerdo con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 60 por ciento de las personas con empleo dedica la mayor parte de su tiempo al trabajo, mientras que 40 por ciento de los profesionales del sector de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) experimenta altos niveles de estrés.
Entre los factores que contribuyen a esta presión se encuentran el trabajo remoto, los proyectos globales, la comunicación digital constante y la necesidad de actualizar conocimientos de manera continua. Estas dinámicas pueden desdibujar los límites entre el horario laboral y el descanso, especialmente cuando existe una cultura organizacional que espera disponibilidad permanente.
El impacto también se refleja en los resultados de negocio. Las pérdidas para las empresas en México asociadas con el estrés y los problemas de salud mental pueden alcanzar los 16 mil millones de pesos anuales, debido al ausentismo, la rotación de personal y la disminución de la productividad.
Ante esta problemática, México cuenta con instrumentos regulatorios como la NOM-035-STPS-2018, que establece mecanismos para identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial en los centros de trabajo. Entre ellos se encuentran las cargas excesivas, las jornadas prolongadas, la falta de reconocimiento y las condiciones que dificultan el equilibrio entre la vida personal y laboral.
Estos riesgos pueden intensificarse en industrias caracterizadas por una alta exigencia y una transformación tecnológica constante. Por ello, las empresas necesitan complementar el cumplimiento normativo con medidas preventivas que atiendan las causas del agotamiento y promuevan entornos de trabajo saludables.
Para Durán, el desafío consiste en construir culturas organizacionales en las que el bienestar emocional forme parte de la gestión cotidiana. Esto implica establecer límites claros para la conexión digital, facilitar el acceso a apoyo psicológico y preparar a los líderes para identificar señales de agotamiento antes de que afecten la salud de las personas y el desempeño de los equipos.
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