La inteligencia emocional se ha convertido en una de las competencias más importantes para el desarrollo profesional y el liderazgo. De acuerdo con Puntoencomún, cada vez más organizaciones enfrentan el llamado Techo de Cristal Emocional, una barrera invisible que limita el crecimiento de las personas debido a bloqueos emocionales, falta de autoconocimiento y escasas habilidades de autogestión.
Según la consultora especializada en desarrollo organizacional, este fenómeno suele manifestarse en líderes con una sólida preparación técnica que, al asumir mayores responsabilidades, encuentran dificultades para seguir avanzando. El problema no radica en la capacidad intelectual, sino en la forma en que gestionan el estrés, las emociones y las relaciones con sus equipos.
Uno de los principales efectos es la pérdida de autoridad y credibilidad. Puntoencomún señala que el 65 por ciento de los conflictos laborales entre mandos medios y superiores no se origina por diferencias operativas, sino por una gestión inadecuada de las emociones en momentos de presión. En un entorno cada vez más complejo, la estabilidad emocional se ha convertido en un atributo esencial del liderazgo.
También advierte que emociones como la frustración y la ansiedad pueden afectar la toma de decisiones estratégicas. Mientras las habilidades técnicas permiten analizar información, la inteligencia emocional facilita actuar con claridad y criterio. En este sentido, estudios de Korn Ferry indican que, en posiciones de alta dirección, la inteligencia emocional explica hasta el 90 por ciento de la diferencia entre un líder sobresaliente y uno promedio.
Otro riesgo es la llamada “visión de túnel”, que ocurre cuando el estrés constante reduce la capacidad de pensar a largo plazo y limita la visión estratégica. A ello se suma el impacto en los equipos de trabajo. Un liderazgo con baja conexión emocional puede favorecer el desgaste laboral y la rotación de personal. Datos de Gallup muestran que el 70 por ciento de la variación en el compromiso de los colaboradores está relacionada directamente con la actuación de sus líderes.
La Doctora Tania Plasencia, directora de Puntoencomún, subraya que el desarrollo de habilidades emocionales debe extenderse a todos los niveles de la organización. “Un líder equilibrado es la base de una organización saludable y competitiva. De poco sirve contar con directivos talentosos si sus equipos no tienen las herramientas emocionales para acompañar ese crecimiento”, afirmó.
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