Según la UNESCO, sólo el 27% de las mujeres se matriculan en carreras de TIC y el 28% en ingeniería. Además, se estima que para 2050, el 75% de los empleos estarán relacionados con STEM. Sin embargo, las mujeres representan apenas el 22% de los puestos en inteligencia artificial, una de las áreas con mayor crecimiento.
En México, 8 de cada 10 niñas alcanzan el nivel mínimo de competencia en matemáticas. Sin embargo, esta ventaja no se traduce en su participación en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), donde solo 3 de cada 10 estudiantes son mujeres. Además, la tasa de egreso refleja una brecha importante: 34 por ciento corresponde a mujeres frente a 66% a hombres, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
“Es fundamental que las escuelas garanticen a las niñas acceso a recursos y oportunidades en áreas STEM desde temprana edad. Esto no solo impulsa su desarrollo, sino que también contribuye a transformar la cultura educativa y promover la equidad en el acceso al conocimiento”, afirma Sonia Durán, Gerente de Capital Humano de la proveedora de soluciones IT Ecosistemas.
En la Ciudad de México, la tendencia es similar. De los 40 mil 176 estudiantes que ingresaron a programas relacionados con tecnología, solo el 32 por ciento fueron mujeres. En cuanto al egreso, de las 22 mil 826 personas graduadas, apenas el 33 por ciento corresponde a mujeres.
Durán señala que las niñas y jóvenes enfrentan múltiples barreras —culturales, económicas y educativas— que limitan su participación en el sector tecnológico. “Es crucial derribar estos obstáculos para fomentar su inclusión en un campo en constante expansión”, subraya.
Uno de los principales retos es la persistencia de estereotipos de género que desincentivan el interés de las niñas por la tecnología desde edades tempranas. Para contrarrestarlo, Ecosistemas destaca la necesidad de impulsar campañas de sensibilización y visibilizar a mujeres líderes en STEM como referentes.
A esto se suma la falta de acceso a recursos tecnológicos y educativos de calidad. Por ello, resulta clave fortalecer programas de inclusión digital y generar espacios de aprendizaje accesibles que permitan a las jóvenes desarrollar habilidades y confianza en el sector TIC.
La exclusión digital y científica no solo reduce las oportunidades laborales de las mujeres, sino que también limita la innovación y la diversidad en el desarrollo tecnológico. “Solo eliminando las barreras culturales, económicas y educativas podremos avanzar hacia una mayor inclusión de mujeres en este campo”, concluye Durán.
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