En México, los empleados buscan líderes reflexivos, colaborativos y enfocados en resultados de alta calidad, mientras que los estilos de liderazgo actuales priorizan la autoridad, la estructura, el éxito comercial y el juicio intuitivo.
La mayoría de ejecutivos y empleados a nivel global coincide en que las habilidades vinculadas con la comunicación y la confianza son esenciales para un liderazgo efectivo. Entre ellas destacan la integridad, la responsabilidad y la capacidad de tomar decisiones acertadas.
De acuerdo con Hogan Assessments, estas prioridades también se reflejan en México. El 87 por ciento de los trabajadores valora la ambición, la iniciativa y la orientación a resultados, mientras que el 82 por ciento destaca el pensamiento estratégico y la curiosidad.
Además, el 66 por ciento considera importante la organización y el enfoque en procesos, y el 55 por ciento resalta el tacto y la diplomacia en la comunicación. Estos atributos apuntan a un perfil de liderazgo que combina disciplina operativa con habilidades interpersonales.
El estudio La brecha del liderazgo: perspectivas globales sobre quién lidera vs. quién debería liderar, también desvela que los empleados valoran líderes que promuevan el trabajo en equipo y el sentido de pertenencia (51 por ciento), tomen decisiones basadas en datos (55 por ciento) y prioricen la calidad y la excelencia de la marca (52 por ciento).
En contraste, existen comportamientos que debilitan la efectividad del liderazgo. En México, estas percepciones son similares. El 63 por ciento señala la volatilidad emocional como un factor perjudicial, el 57 por ciento menciona la agresión pasiva, el 52 por ciento la extrema cautela y el miedo al fracaso, y el 47 por ciento la arrogancia y el sentimiento de superioridad.
El análisis también revela una brecha relevante: aunque muchos líderes mexicanos se perciben como firmes, cooperativos y decididos, bajo presión pueden mostrar conductas como la autopromoción excesiva o la resistencia a la retroalimentación. Esto contrasta con las expectativas de los empleados, que priorizan la humildad, la apertura y la confiabilidad.
A nivel organizacional, el estudio advierte que aún se tiende a premiar la visibilidad o el carisma al momento de promover líderes, más que su efectividad real. En este contexto, fortalecer procesos de selección y desarrollo con énfasis en la comunicación, el juicio, la transparencia y la toma de decisiones basada en evidencia será clave para cerrar la brecha y mejorar el desempeño a largo plazo.
“Los programas de desarrollo de liderazgo son más sólidos cuando las organizaciones alinean la forma en que identifican y desarrollan líderes con lo que los empleados realmente valoran”, afirmó Allison Howell, directora ejecutiva de Hogan Assessments.
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