Una pausa restauradora reduce la demanda cognitiva; una cadena de interrupciones la multiplica.
Existe la creencia de que una persona productiva debe mantenerse concentrada durante toda la jornada, sin embargo, Maite Moreno, Directora del Máster en Recursos Humanos de EAE Business School, considera que la creatividad requiere concentración, pero no de manera permanente.
“Después de comprender el problema y trabajar intensamente sobre él, tomar distancia puede facilitar nuevas asociaciones. Lo importante es gestionar la atención y la energía mental, no medir el compromiso por el número de horas de concentración aparente”, explicó Moreno.
Este proceso se conoce como incubación y requiere un trabajo previo. Primero es necesario definir con claridad el reto, recopilar información, reconocer las restricciones y explorar posibles soluciones. Alejarse de un problema que apenas se ha analizado difícilmente producirá una respuesta relevante. La pausa tampoco garantiza una buena idea, pero puede permitir retomar el problema con una perspectiva menos rígida.
Cuando aparece un bloqueo, puede ser más efectivo dejar temporalmente de insistir y cambiar a una actividad de baja exigencia, como caminar, ordenar materiales, realizar una tarea rutinaria o conversar con otra persona. Estas acciones pueden reducir la fijación en una única respuesta y favorecer nuevas conexiones. Después, es necesario regresar al problema, registrar las ideas y someterlas a análisis.
No obstante, hacer una pausa no significa revisar redes sociales, atender notificaciones o saltar constantemente de un mensaje a otro. La fragmentación digital obliga a reorientar la atención de manera continua y dificulta el trabajo profundo, por lo que puede tener el efecto contrario al de una desconexión intencional.
“El reto no es introducir más pausas sin criterio, sino diferenciar la desconexión intencional de la dispersión”, advirtió Moreno. También considera un error trasladar toda la responsabilidad al trabajador: pedir creatividad mientras se llenan las agendas de reuniones, se exigen respuestas inmediatas y se mantienen abiertos múltiples canales de comunicación genera una contradicción dentro de la organización.
Para favorecer ideas de mayor calidad, la especialista propuso dividir el proceso en cuatro etapas: formular con precisión el reto, proteger un periodo de concentración, introducir una pausa de incubación y regresar para evaluar las propuestas. Esta última fase es fundamental, ya que creatividad e innovación no son lo mismo: mientras la primera permite generar ideas novedosas y útiles, la segunda implica seleccionarlas, desarrollarlas e implementarlas para generar valor.
No existe una duración ideal para los periodos de trabajo o las pausas, pues depende de la complejidad de la tarea, el nivel de fatiga y las características de cada persona. Las empresas pueden favorecer este proceso al establecer espacios sin reuniones, reducir las interrupciones evitables y acordar tiempos razonables de respuesta. Además, dormir lo suficiente, realizar actividad física, desconectarse fuera del horario laboral y contar con espacios de ocio ayuda a preservar los recursos necesarios para pensar, aprender y resolver problemas complejos de manera sostenible.
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