México tiene una oportunidad histórica para consolidarse como un socio estratégico global, pero el factor decisivo será el cumplimiento laboral.
Con el arranque de las negociaciones presenciales rumbo a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyo proceso formal iniciará el 1 de julio, el área de recursos humanos deja de ser operativa para asumir un rol estratégico dentro de las organizaciones.
En este nuevo contexto, las relaciones laborales ya no se limitan al ámbito interno de las empresas, sino que adquieren una dimensión transfronteriza.
Así lo señaló Jesús Moscoso, CEO de ESSAD y especialista en derecho laboral, quien destacó que este acuerdo comercial —antes conocido como Tratado de Libre Comercio— ha sido un motor constante de transformación estructural en México. Su impacto se refleja en el cumplimiento normativo, la competitividad internacional y la mejora de los estándares laborales y de servicio.
“Desde su origen, el tratado ha buscado elevar la competitividad y mejorar las condiciones laborales en México. Hablamos de una región que mueve más de 1.5 billones de dólares al año y genera más de 56 millones de empleos vinculados al comercio”, explicó.
Moscoso advirtió que el incumplimiento de estos estándares ya no es solo un tema legal, sino un riesgo directo para el negocio. Entre las principales consecuencias se encuentran sanciones comerciales, bloqueos de exportaciones, pérdida de contratos internacionales y daños reputacionales.
“Ya existen al menos 37 mecanismos laborales activados con impacto directo en las operaciones. Esto confirma que no cumplir hoy implica un riesgo empresarial”, subrayó.
Asimismo, alertó que, sin un respaldo institucional sólido en materia económica, comercial y diplomática, México podría enfrentar escenarios complejos frente a sus socios, Estados Unidos y Canadá.
A nivel interno, el especialista señaló que uno de los principales desafíos para las empresas es cerrar la brecha entre los estándares exigidos por el tratado y la realidad del mercado laboral mexicano, donde la informalidad supera el 54%.
“El problema no es el T-MEC, sino la distancia entre lo que se exige y lo que hoy somos. Sin embargo, México tiene la capacidad de cerrar esa brecha”, afirmó. Para avanzar en este proceso, identificó tres acciones clave:
Otro reto relevante es la escasez de talento especializado para responder a las nuevas exigencias de competitividad. En este sentido, muchas empresas ya están incorporando herramientas para analizar y fortalecer su fuerza laboral, más allá de esquemas tradicionales de compensación.
“También enfrentamos un reto cultural: México debe dejar de verse como un país de mano de obra barata y evolucionar hacia un modelo basado en productividad”, añadió.
Este cambio requiere un compromiso conjunto entre gobierno, empresas y trabajadores, donde la profesionalización del talento juega un papel central.
Respecto a los desafíos en la cadena de valor, Moscoso identificó tres prioridades:
En este marco, Moscoso concluyó: “Las empresas que tendrán éxito serán aquellas que entiendan que competir hoy implica cumplir estándares laborales globales. El entorno es más exigente, pero también abre grandes oportunidades para quienes estén preparados”, puntualizó.
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