Mucho se ha hablado últimamente del Empoderamiento Femenino como una revolución mundial, pero poco se sabe de su origen, de sus causas y mucho menos de las consecuencias (positivas y negativas) que ha traído a la sociedad.
Desde la ontogenia y la filogenia, la hembra, en este caso la mujer, ha tenido la facultad de integrar, reunir, apoyar, educar, organizar, planificar y poner en marcha estrategias de supervivencia para garantizar la conservación de la especie y la protección de sus crías, haciéndola una cuidadora y protectora nata.
La mujer se ha puesto en la tarea de crear sus propias oportunidades, ha sabido conducir sus propias capacidades y se ha reinventado para sobresalir en lo que se ha propuesto, sin dejar de lado sus responsabilidades familiares, educativas, de pareja y sociales, que al combinarse crean una mezcla excepcional de conocimientos y experiencia.
El empoderamiento femenino como lo conocemos es el proceso que permite el incremento de la participación de las mujeres en todos los aspectos de su vida personal y social; Gracias a él, pueden ser dueñas de sus vidas e intervenir plenamente y en igualdad en todos los ámbitos de su sociedad, incluyendo la toma de decisiones y el acceso al poder, reconociendo y valorando el protagonismo que las mujeres desempeñan en el plano individual y colectivo.
Cuando hablamos de empoderamiento femenino como tal, éste se origina y se hace visible a partir de 1995, en la celebración de la Conferencia Mundial de las Mujeres, que se llevó a cabo en Beijing, donde se puso de manifiesto que para que exista igualdad, desarrollo y paz en las Naciones, es necesario que éste se dé libremente, no solo de manera colectiva, sino también de manera particular, permitiendo la justicia social.
En el caso puntual de Latinoamérica, nos encontramos con problemáticas que datan desde 1966-1985,periodo en el cual surge el llamado “Empoderamiento de la mujer”, para ese entonces, las mujeres comenzaban a hacerse más visibles para la sociedad y a tomar decisiones de vida que repercutirían más adelante en su comunidad y familia. Este largo proceso vino acompañado de un descenso notable en las tasas de fecundidad, como resultado de la reducción en la mortalidad infantil, el acceso a métodos anticonceptivos y mayor educación para las mujeres.
Asimismo,en este periodo se registró un aumento en la participación de mujeres solteras y casadas en el mercado laboral, observando también un constante aumento en el ingreso de mujeres a la educación universitaria, superando la de los hombres, cifras que hoy en día se mantienen.
No obstante, pese a todos los esfuerzos todavía se sigue luchando por generar una equidad salarial, hasta la fecha ésta ha sido la brecha más difícil de cerrar; Seguido de la violencia de género e intrafamiliar en todos los contextos que sigue siendo muy común. Los embarazos no deseados se siguen presentando con mayor intensidad en poblaciones rurales, todo esto debido a la falta de oportunidades, de capacitación y de analfabetismo, todas estas variables han hecho que las mujeres quieran salir adelante y poco a poco se vayan alejando de esos entornos que no les favorecen, tomando nuevos rumbos que conduzcan a la oportuna toma de decisiones que las lleven a mejorar su calidad de vida.
No ha sido un camino fácil, desde luego, las creencias, la religión, las culturas arraigadas al machismo y a otro sin número de ideologías conservadoras, han obstaculizado en cierta forma el crecimiento de nuestras mujeres; no obstante, a pesar de todos los tropiezos, las sociedades han comenzado a reconocer la importancia de los roles de la mujer dentro de cada comunidad, ofreciendo oportunidades de capacitación, de educación, permitiéndoles liderar, ya no solo desde su rol de madre y cuidadora, sino desde un contexto laboral, ejerciendo un rol asistencial, profesional y gerencial, llevándolas a ocupar altos cargos de mando y autoridad en organizaciones estatales y privadas.
Con la llegada de la Pandemia en el 2020 surgen infinidad de problemáticas, no solo de salubridad mundial, sino Nacional, en las que cientos de empresas tuvieron que cerrar sus operaciones, y millones de trabajadores a nivel global perdieron sus trabajos, los que corrieron con suerte tuvieron que adaptarse en la marcha a múltiples cambios para lograr permanecer en una compañía y sobrellevar esta difícil situación.
No solo el encierro y la incertidumbre nos llevaron a adaptarnos y a reinventarnos generando cambios que nunca previmos, el desempleo exponencial y la falta de oportunidades laborales, hicieron que en época de Pandemia emergiera ese espíritu de emprendimiento, de lucha,de iniciativa, de colaboración, de empatía y solidaridad, en el que se nos ha visto desafiando a las ataduras radicales, en las que se nos obligaba a permanecer en una oficina y a cumplir unos horarios extenuantes, a ser muy estrictos en el cumplimiento de los tiempos de descanso y hasta de almuerzo, en prácticamente abandonarnos al trabajo y olvidarnos de lo demás.
Como trabajadores en este tiempo de crisis mundial se nos dio la oportunidad de gestionar nuestros horarios, nuestros tiempos, nuestros descansos, trabajar desde casa ya no fue una opción sino una obligación que permitió que todos nos autoreguláramos y disciplináramos para poder cumplir con nuestros objetivos y los de la organización, haciéndonos más productivos y eficientes, demostrando que sí podemos romper paradigmas que como cultura nos han impuesto y a flexibilizarnos en diversos entornos laborales.
Con el paso de los días, surgió una necesidad filial de ayudar al prójimo que en ocasiones la estaba pasando muy mal, bien sea porque perdió a uno o más de sus familiares producto del COVID 19, o porque se quedó sin trabajo y no tiene como darle de comer a su familia, porque a raíz del encierro y la incertidumbre muchas personas entraron en depresión al no saber qué les depararía el futuro casi inmediato.
Ahí, en medio de todas estas dificultades hemos aprendido que, en esencia, hoy en día valoramos más el tiempo en familia o con nuestra pareja, el realizar actividades al aire libre, solidarizarnos con el prójimo,y reinventarnos una y mil veces para no dejarnos vencer.
Hoy, un año y medio después de este trance seguimos lidiando a diario con las consecuencias devastadoras que nos ha dejado esta pandemia, hemos quedado bastante golpeados a todo nivel, nada volverá a ser como antes, pero sí nos deja como enseñanza que “Grande oportunidades surgen en las peores crisis” (Albert Einstein).
Sin duda somos más fuertes, más resilientes,tenemos más ganas de seguir cumpliendo sueños y abriéndonos caminos, porque nada nos detiene y por eso estamos aquí, viviendo el presente porque el mañana es incierto.
Ahora más que nunca, la mujer ha renacido con más fuerza y vitalidad, demostrando su gran fortaleza emocional y productiva para afrontar estos retos, y no permitir que todo este trayecto recorrido sea en vano.
Durante este tiempo la tecnología ha sido un personaje muy interesante en esta historia, pues ha permitido que muchísimas mujeres incursionen en la era digital, promocionando sus emprendimientos y generando ganancias para ellas, sus familias y así ir creando miles de empleos que aviven la cadena productiva.
Los retos que debemos seguir enfrentando son demasiados, pero como género el lugar que poco a poco hemos ido construyendo a través de estos años, nos motivan a seguir proyectándonos en nuevas y mejores oportunidades, a creer que es posible todo lo que con esfuerzo y dedicación trabajamos, que las oportunidades están ahí, solo hay que salir a buscarlas y moldearlas de acuerdo a nuestras necesidades, que la fuerza y el control lo llevamos desde siempre y que nada ni nadie puede apagarnos.
El empoderamiento femenino comienza cuando creemos, creamos y crecemos.
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