En un entorno laboral marcado por la incertidumbre, la presión por alcanzar resultados y la transformación tecnológica, la inteligencia emocional ha dejado de ser una habilidad complementaria para convertirse en una competencia estratégica. Así lo afirma Tania Plasencia, directora de Puntoencomun, quien sostiene que la forma en que los líderes gestionan sus emociones tiene un impacto directo tanto en el desempeño de los equipos como en los resultados del negocio.
"Un adecuado manejo emocional permite construir mejores ambientes de trabajo, inspirar a los equipos, comunicar con claridad y ejecutar mejor las estrategias", señala en entrevista.
La especialista explica que cada vez más organizaciones reconocen que las habilidades socioemocionales influyen en indicadores como la productividad, la colaboración, el compromiso y la salud mental de los colaboradores, por lo que han comenzado a incorporarlas como parte de sus estrategias de desarrollo del talento.
Con base en la experiencia de más de 250 participantes en los programas de formación de Puntoencomún, consultora especializada en ecosistemas organizacionales de alto rendimiento, Plasencia identifica que uno de los errores más frecuentes entre quienes ocupan posiciones de liderazgo es dejarse llevar por la inseguridad o la falta de claridad sobre sus propias capacidades. Esto suele traducirse en prácticas como el micromanagement, el exceso de control y una comunicación poco efectiva, conductas que deterioran el clima laboral y afectan el desempeño de los equipos.
La organización detectó un fenómeno silencioso que afecta a las organizaciones: líderes con trayectorias técnicas impecables que, al alcanzar posiciones de alta responsabilidad, se estancan. No es falta de capacidad intelectual; es el Techo de Cristal Emocional, concepto definido como el límite invisible donde el crecimiento profesional se detiene debido a bloqueos emocionales y falta de autogestión. En un entorno de alta presión, un líder que no gobierna su frustración es un líder que no puede inspirar.
Otro de los desafíos, agrega Tania, es la falta de autoconocimiento. Como parte de sus programas de desarrollo, la consultora pide a los participantes elaborar un inventario de sus fortalezas, ejercicio que suele revelar una importante oportunidad de mejora.
"Nueve de cada diez personas apenas logran mencionar una o dos cualidades. Eso demuestra que prestamos muy poca atención a nuestras fortalezas", comenta.
A decir de Plasencia, esta falta de reconocimiento personal limita la capacidad para enfrentar situaciones complejas, comunicar el propio valor durante procesos de selección o promoción e, incluso, reconocer el talento de otras personas para construir equipos complementarios.
Sobre habilidades blandas, apunta que muchos mexicanos entran en este desconocimiento y la falta de confianza personal. “Somos un país con una baja autoestima, lo que repercute en nuestros trabajadores”, advierte.
Decidir con datos y no con emociones
En un entorno económico y social cada vez más cambiante, el autoconocimiento también resulta fundamental para tomar decisiones estratégicas. La especialista señala que un líder emocionalmente inteligente es capaz de diferenciar sus deseos personales de la realidad que muestran los datos.
"El autoconocimiento permite distinguir entre lo que deseo que ocurra y lo que realmente indican los hechos. Esa diferencia es fundamental para desarrollar pensamiento crítico y tomar mejores decisiones", explica.
Los mejores líderes saben escuchar
Plasencia considera que el liderazgo efectivo trasciende el conocimiento técnico y se fortalece con habilidades como la escucha activa, la empatía, la comunicación clara y la capacidad de inspirar a los equipos. Sin embargo, advierte que la empatía suele malinterpretarse.
"No significa resolver todos los problemas de los colaboradores, sino comprender su contexto y escuchar genuinamente lo que están viviendo", precisa, al tiempo de resaltar la importancia de utilizar un lenguaje incluyente, además de fomentar una cultura en la que los errores sean vistos como oportunidades de aprendizaje y no como motivos para buscar culpables.
La inteligencia emocional también puede medirse
Contrario a la percepción de que se trata de un concepto intangible, Plasencia afirma que la inteligencia emocional puede reflejarse en indicadores concretos de negocio: incrementos en la productividad, reducciones en el ausentismo y la rotación de personal, una mayor colaboración entre equipos, menos errores operativos y un mayor compromiso de los colaboradores.
Por ello, sostiene, el verdadero cambio cultural ocurre cuando las organizaciones dejan atrás la cultura de las excusas y desarrollan una mentalidad orientada a la búsqueda de soluciones.
"El liderazgo emocionalmente inteligente se resume en dejar de pensar en el 'cómo no' para comenzar a trabajar desde el 'cómo sí'", concluye.
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