Iniciativa Climática de México (ICM), Voz Experta y el Instituto de Desarrollo, Energía y Ambiente (IDEA) organizaron el evento Cerrando la brecha: energía y cambio climático con perspectiva de género.
En México, la participación de las mujeres en el sector energético —tanto tradicional como renovable— se mantiene entre 20 y y 25 por ciento. A nivel global, representan el 32 por ciento de los empleos de tiempo completo en energías renovables, frente al 23 por ciento en petróleo y gas y al 25 por ciento en energía nuclear.
Así lo señaló Itzá Castañeda Carney, consultora de equidad de género e inclusión social de WRI México, durante el evento Cerrando la brecha: energía y cambio climático con perspectiva de género, un espacio de diálogo enfocado en visibilizar los desafíos y oportunidades de integrar la perspectiva de género en el sector energético y en la política climática como condición para una acción climática justa.
En el panel El sector energético mexicano: brechas, barreras y propuestas, con participación de Voz Experta, se destacó que la desigualdad de género atraviesa toda la cadena del sector, especialmente en los espacios de toma de decisiones, donde persisten sesgos y barreras estructurales.
Las especialistas coincidieron en que cerrar esta brecha requiere transformar reglas, incentivos y condiciones habilitantes. En ese sentido, identificaron cuatro frentes clave de acción:
Por otro lado, en el panel Perspectiva de género en la política climática: retos y oportunidades para una acción climática justa, organizado por ICM e IDEA, se abordó la importancia de incorporar este enfoque en la política pública, la legislación y la implementación climática, desde una perspectiva de derechos humanos y justicia social.
A su vez, desde Fundación Avina se propuso integrar una perspectiva de cuidados como eje de la política climática. Se destacó que el trabajo de cuidados no solo sostiene la vida, sino también la acción climática. En este marco, se presentó el enfoque de las “cinco R” —reconocer, reducir, redistribuir, remunerar y representar— como una guía para traducir este principio en políticas públicas, junto con la necesidad de dirigir financiamiento hacia las comunidades que están en la primera línea de respuesta.
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