Experiencias internacionales muestran que las reformas laborales más exitosas forman parte de una transformación más amplia, donde el objetivo es construir organizaciones más eficientes, capaces de equilibrar las necesidades del negocio con el bienestar de las personas.
Para María Velásquez, Head of Growth de GeoVictoria, multinacional tecnológica especializada en la gestión y control de asistencia laboral, analizar las experiencias de otros países puede ayudar a las empresas mexicanas a anticiparse a los desafíos que traerá la nueva legislación que entrará en vigor en enero de 2027.
Bajo la premisa de que la experiencia de otros países puede servir como referencia para que las empresas mexicanas conviertan la reducción de la jornada en un proceso de transformación y no sólo de cumplimiento, GeoVictoria identifica cuatro lecciones que pueden servir como guía para que las organizaciones en México se preparen para el futuro del trabajo.
España: la transformación laboral también implica conciliación
España avanza en una transformación de su mercado laboral que contempla reducir la jornada máxima de 40 a 37.5 horas semanales, acompañada de políticas orientadas a favorecer la conciliación entre la vida laboral y personal. Entre estas medidas destaca el permiso por nacimiento y cuidado del menor, que contempla 19 semanas remuneradas al 100 por ciento del salario para cada progenitor.
En México, el permiso de paternidad es de cinco días laborales con goce de sueldo, una diferencia significativa frente al esquema español. Esta comparación muestra que la evolución del trabajo no depende únicamente de reducir las horas laborales, sino también de crear condiciones que favorezcan la corresponsabilidad familiar, el bienestar y un mejor equilibrio entre la vida profesional y personal.
Colombia: reducir la jornada requiere una nueva gestión del tiempo
En 2023, Colombia inició un proceso gradual para reducir su jornada laboral de 48 a 42 horas semanales. La transición ha obligado a las empresas a reorganizar horarios, turnos y cargas de trabajo para mantener la productividad y garantizar la continuidad de sus operaciones.
En México, uno de los principales retos será determinar cómo distribuir de manera más eficiente el tiempo laboral sin afectar las actividades de las empresas. Para ello, será necesario contar con información precisa sobre asistencia, horarios, turnos y necesidades operativas que permita tomar decisiones oportunas.
La reducción de la jornada, por tanto, exige una gestión más precisa de los recursos humanos y una revisión de los modelos de trabajo para avanzar hacia esquemas más eficientes y flexibles.
Estados Unidos: la flexibilidad redefine la forma de trabajar
Aunque Estados Unidos mantiene una jornada laboral estándar de 40 horas, muchas organizaciones han adoptado modelos flexibles, híbridos y de trabajo basado en objetivos para responder a las nuevas expectativas de los colaboradores.
En México, la adopción de estos esquemas todavía es limitada. De acuerdo con la ENUT, en 2024 el 95.1 por ciento de la población empleada u obrera —es decir, personas que trabajan bajo una relación laboral subordinada— realizó sus actividades exclusivamente de manera presencial, mientras que sólo 2.9 por ciento trabajó bajo un modelo híbrido.
El dato representa un reto para las organizaciones que buscan evolucionar hacia modelos en los que la productividad se mida por resultados y no únicamente por el tiempo de permanencia o la presencia física en el lugar de trabajo.
Chile: anticiparse al cambio evita una transición costosa
La implementación gradual de la reducción de la jornada laboral en Chile también deja una lección para las empresas mexicanas: prepararse con anticipación puede evitar costos y decisiones apresuradas.
Algunas organizaciones que postergaron la adopción de herramientas y procesos necesarios para cumplir con la nueva legislación tuvieron que implementar soluciones de manera acelerada. Esto derivó en mayores costos, duplicidad de procesos e incluso en la necesidad de sustituir tecnologías recién adquiridas por otras que respondieran mejor a sus necesidades operativas.
La experiencia internacional muestra que la reducción de la jornada laboral no debe abordarse únicamente como un cambio normativo. Para las organizaciones, representa una oportunidad para revisar la gestión del tiempo, optimizar recursos, incorporar tecnología y rediseñar procesos antes de que las nuevas reglas entren plenamente en operación.
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